sábado, 16 de enero de 2010

Después de tanto tiempo....

Como le escribí a una querida amiga en su facebook, debido a una reflexión que ella hizo por un doloroso acontecimiento que tuvo que sufrir:

Cuán difícil es ver la sabiduría detrás de las acciones de algunas personas. En este mundo regido por la ira, el impulso irracional, el odio y el egoísmo, no hay lugar para percibir las verdaderas razones por las cuales algunas personas actúan de la manera que actúan.

Aquellos grandes hombres y mujeres del pasado que han luchado por la paz y el amor en el mundo, no se destacaban precisamente por ser capaces de “poner límites” a quienes los lastimaban. Simplemente porque ellos no estaban situados en el plano de la agresión, del miedo, la duda y el ego…Sencillamente están por encima de eso y prácticamente no registran las supuestas “agresiones” de los demás, porque automáticamente perciben el miedo detrás de ellas, la inseguridad. Son tan fuertes internamente que son capaces de perdonar automáticamente y de no entrar en el juego de la agresión. ESO es fuerza de espíritu…Eso es la verdadera seguridad, ser capaz de no tener miedo y no dejarse llevar por él.

Sin embargo, en este mundo es ciertamente muchas veces peligroso no tener “garras” desarrolladas…es muy peligroso ser un cordero suelto en medio de una manada de lobos; pero para eso existen los pastores! Para guiar, proteger y acompañar al cordero, que nos dará la lana para cubrirnos y nos conquistará con sus tiernos ojos…

No todas las personas tienen la misma naturaleza combativa, o la misma naturaleza inocente…Dios, o quien sea que haya por ahí, ha hecho las cosas de tal manera sabia que ha dado a los hombres diferentes esencias, para que entre todos, actuando como un equipo, traigan al mundo el famoso EQUILIBRIO.

La vida me ha enseñado que siempre que una pareja es equilibrada, uno de los componentes es un perro pastor, y el otro un cordero. El cordero de la pareja será el encargado de darle luz a la pareja, el encargado de irradiar con su inocencia y candidez a todos los que tenga alrededor…Pero la ley del balance exige que ese cordero, tan frágil y dulce, tenga a su lado un protector que le cuide de las agresiones del mundo externo, para las que muchas veces el cordero no está preparado…Pero no porque no pueda defenderse, sino porque confía tanto en la bondad interna de las personas que es incapaz de darse cuenta que alguien quiere o puede dañarle. Y aún cuando es capaz de darse cuenta, es capaz de perdonar al mismo salvaje que lo está matando a puñaladas.

El compañerismo entre el perro pastor y el cordero es una simbiosis. Ambos se complementan y se necesitan.

Las personas que son como los corderos son necesarias en este mundo porque nos traen la paz, el amor y la inocencia que hace tanta falta. No hay que intentar que se vuelvan duros y se conviertan en lobos…Solamente hay que protegerlos y respetarlos, porque son la luz del mundo.